"Biblioteca Escolar del I.E.S. Los Boliches - Fuengirola (Málaga)

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24 de octubre, día de las Bibliotecas. 
Trabajos de los alumnos

 

 LA CHICA DEL LAZO ROJO

 - ¿Qué quieres tomar? –dijo Crystal con cara sonriente.

 - Pues lo de siempre, ¿qué quieres que que tome?

 - Deberías dejar de tomar tanto café, entiendo que te mantenga despierto, pero tomar 5 tazas al día no es muy saludable que digamos...

 - No importa, ¿me ves con algún problema de salud? –dijo Rick levantando las manos.

 - No, pero a este paso seguro que sí.

Era otra tarde tranquila, dos adolescentes que iban a su cafetería habitual. Al entrar, la camarera les atendió.

- ¡Ah, Rick otra vez! Ya es la tercera taza del día ¿no? –sonrió la camarera.

- ¿Tú también? ¡Crystal me acaba de decir lo mismo!

- Es normal que te lo haya dicho, se llama preocupación -,dijo la camarera.

- ¿Ves? Hasta la camarera dice que no es saludable.

- Por favor... sírveme ya el café.        

- Marchando-,dijo mientras entró en la cocina y desapareció.

Crystal y Rick se sentaron en una mesa y empezaron a charlar.

- Pues... cuéntame, ¿cómo llevas física?

- Bastante mejor, y creo que es todo gracias a ti. Desde que te conocí en la biblioteca de al lado, parece que he mejorado un montón.

- Pues asegúrate de recordar esas palabras cuando seas médico -,rió Crystal.

- ¿Aún recuerdas cómo nos conocimos?

- Como para olvidarlo...

Una tarde calurosa de agosto, Rick iba caminando hacia su biblioteca habitual mientras maldecía su destino de haber suspendido ya dos veces la Selectividad. Entró, se sentó y sacó todos sus apuntes de física e historia.

- Ya se me dan mal las demás asignaturas, pero estas dos parecen de risa, haber sacado un tres en las dos... –habló Rick para sí mismo.

Mientras se quejaba, entró una chica de ojos amarillos, y un largo pelo liso de color castaño, y una coleta que tenía atada con un lazo de color rojo. Era un rojo intenso, tan intenso que parecía sangre. Ella cogió un libro, se sentó y enseguida empezó a leerlo con tanta atención que parecía que se hubiese olvidado de todo lo de su entorno.

Rick quedó perplejo.

- A mí también me gustaría tener ese nivel de concentración-,pensó Rick -,creo que le pediré consejo de cómo concentrarse tan rápida e intensamente.

Se fue acercando lentamente, como si tratase no asustarla. Le puso la mano sobre el hombro y dijo: “Perdón por ser tan repentino si lo parezco, pero,¿me podrías dar consejo de cómo concentrarme y leer tan atentamente?

La joven se sobresaltó.

- ¿Ni tan siquiera nos conocemos y te me acercas así y me pides consejo? Al menos podrías presentarte primero.

Rick se llevó la mano a la nuca.

- Cierto, es bastante grosero por mi parte. Soy Rick, 19 años, suspendido dos veces en Selectividad -, dijo avergonzado.

- Y yo Crystal, misma edad, un placer-, dijo intentando contener la risa.

- Pues, entonces... ¿Me darás consejo?

- Claro, pero para tu información, soy disléxica, así que en realidad no estoy leyendo, estoy más bien “mirando” el libro.

Después de escuchar esas palabras, Rick quedó un poco perplenjo, no se podía creer que ella realmente estuviese mirando el libro sin leerlo. Tras un largo silencio incómodo, a Rick se le ocurrió algo.

- Mmm... si quieres...puedo...leer los libros que quieras y... a cambio... –Rick tragó saliva-. Tú me ayudas a estudiar.

Rick no se podía creer lo que acababa de decir, ¡estaba pidiendo un favor (más bien un trato) a una completa desconocida que acababa de conocer!

- Pues vale, me parece un trato justo -. Dijo sorprendentemente Crystal. Rick estaba aún más confundido “¿cómo es posible que haya aceptado?” Se decía a sí mismo.

- Aquí tienes la cuenta Rick -dijo la camarera -. Y no te cortes con la propina, ¿eh?

- Sí, si, ya lo sé –contestó con desgana -. Como siempre es una sanguijuela...

- ¿Mmm? ¿Murmuraste algo?

- ¡No, no, nada! Estaba hablando con Crystal.

- Ya... –la camarera miró a Rick con ojos de preocupación mientras se alejaba.

- Deberías decir esas cosas más bajo –decía Crystal mientras se reía a carcajadas.

- Riéte todo lo que quieras pero desde que nos conocimos siempre te he leído libros cada vez que íbamos a esa biblioteca.

- Y te lo agradezco mucho, siempre que nos encontramos me lees uno.

“Ahora que lo pienso, es extraño que siempre la encontrara por el camino cada vez que iba a la biblioteca.”

Unas semanas después, los dos se encontraron de nuevo en la entrada de la biblioteca. Crystal seguía llevando ese lazo de color rojo, pero ahora parecía incluso más intenso.

- Sólo queda un día para tus exámenes, ¿no?

- Sí, y estoy muy nervioso, siento que se me va a salir el corazón.

- Pues tranquilo, hoy estudiaremos una vez más y mañana harás los exámenes a la perfección.

- ¡Sí, eso haré! –dijo Rick intentado convencerse.

Ese día estudiaron duramente, Crystal escuchaba todo lo que leía Rick. Luego, Crystal le hacía todas las preguntas posibles. Al final, Rick se sabía todos los libros casi a la perfección.

- Suerte mañana.

- Gracias, daré todo de mí.

Rick terminó de hacer los exámenes muy satisfecho, había contestado a todas las preguntas y estaba muy feliz, por fin iba a ir a la universidad. Quería ir a ver a Crystal y a contarle lo bien que le había ido.

Fue a la biblioteca habitual pero no estaba, preguntó a la bibliotecaria si la había visto.

- Siempre te vi sentado leyendo un libro mirando hacia la silla de al lado, nunca vi a una chica.

Fue corriendo a la cafetería de al lado, pero tampoco estaba. Preguntó de nuevo a la camarera.

- Cada vez que venías te veía muy feliz hablando contigo mismo de tus estudios, hablando con alguien llamada “Crystal”. Pensé que debías ir al psicólogo, pero como ya no la ves, supongo que yano hay problema.

Rick fue a la universidad, pasaron los años y nunca volvió a ver aquella chica con un lazo de color rojo en el pelo.

 

Autor: Yong Wei Hu (4º ESO A) alumno del I.E.S. Los boliches.

Página realizada por: José Huertas - Miguel Ángel Fernández para la Biblioteca del IES Los Boliches